David Mamet
Manifiesto El trabajo del actor de principio a fin consiste en llevar la obra al público. En teatro, el hábitat en que debe prosperar el artista es el público. Y las obras tendrán éxito o fracasarán según su capacidad para atraer a la clase media. Cabría afirmar que los verdaderos árbitros eran los críticos, pero con ello lo único que conseguiríamos sería remitir que los críticos servían para adivinar los gustos de los anunciantes de los periódicos, es decir de los consumidores, lo que es decir del público. Y una obra de tipo medio, para sobrevivir y poder recuperar la inversión, tiene prácticamente que llenar la sala durante quince semanas consecutivas. Lo que significa que ha de vender 1.200 butacas a un precio de 77 dólares cada una. Y pues el teatro ha acabado para vender a turistas y ricos incultos, porque ningún londinense adulto iría a ver las Joyas de la Corona, como ningún neoyorquino adulto iría a ver Mamma Mia! Porque hacerlo sería incurrir en lo culturalmente repu...