herejía y sentido común para el actor
David Mamet
verdadero y falso
Necesitamos llevar inmediatez a la interpretación
actuar no es una profesión fina
el público teme por su alma
el actor está en el escenario para comunicar la obra al público. Ése es el principio y el final de su trabajo. Para hacerlo el actor necesita una voz potente, una buena dicción, un cuerpo dúctil y bien proporcionado y una comprensión rudimentaria de la obra.
No hay nada en el mundo menos interesante que un actor en el escenario envuelto en sus propias emociones. El mismo acto de luchar para crear un estado emocional en él le saca de la obra.
El actor no necesita “convertirse” en el personaje
el mago crea una ilusión en la mente dl público. Eso es lo que hace el actor.
La idea así creada es mucho más fuerte, más efectiva que simplemente “seguir al protagonista” es superior porque es el espectador el que crea la idea.
No podemos controlar nuestros pensamiento, ni podemos controlar nuestras emociones. Pero quizá “ el control de las emoción” tiene un significado especial en el escenario. Significa “hacer como que”.
Dejando de lado el entrenamiento vocal y físico, la educación formal para el actor no sólo es inútil, sino que es perjudicial. Acentúa el modelo académico y niega la primeracía del intercambio con el público.
Es el público el que nos enseña interpretación y es el público el que nos enseña a escribir y a dirigir.
La escuela nos enseña a obedecer, y la obediencia en el teatro no os llevará a ningún sitio.
Es un calmante falso.
La destreza en la interpretación es finalmente una destreza física; no es un ejercicio mental y no tiene nada que ver con la habilidad para superar ninguna prueba.
La destreza en la interpretación es como la destreza en el deporte, un acto físico. Y como tal esfuerzo, su dificultad consiste en gran medida en ser mucho más simple de lo que parece.
El método stalivnasqui enseña al actor a preparar un momento, un recuerdo, una emoción para cada situación en la obra y mantener siempre esa preparación y eso es un error, la educación académica formal es más apropiada para el atril que para el escenario, son formas de esconder la verdad de la revelación del instante.
La verdad del instante.
Si el actor hubiera abierto simplemente la boca en su pie y hubiera hablado aunque se sintiera inseguro, el público habría sido obsequiado por la verdad del instante, por el adorable, inesperado e imprevisto bello intercambio entre dos personas en el escenario. Habría sido testigo del auténtico arte perdido del actor.
Ver un coraje autentico, no un retrato del coraje, sino coraje autentico.
Cuando el coraje real del actor se une a las frases del dramaturgo, se crea ilusión del personaje.
Y es la unión de la verdad del actor luchando valientemente con la inseguridad, con el retrato hecho por el dramaturgo. Si, el actor experimenta cosas en el escenario, pero está fuera de lugar que “ experimente”
el actor, si aprende a ser auténtico y simple, si aprende a hablar decidido a pesar de estar asustado, y sin certeza de ser entendido, crea su propio personaje; forja el personaje en sí mismo, en el escenario. Y es ese personaje el que llega al público, y por ese personaje el público se siente realmente emocionado.
Encuentra tu marca, mira a tu compañero a los ojos y di la verdad.
El texto vivirá en su propia manera imprevisible.
Veréis cosas que no esperabais, sentiréis cosas que no esperabais.
El instante se revelará como sea y a pesar de los deseos del actor. El actor no lo puede controlar, porque lo ignora.
A los actores les gusta atribuirse sus sentimientos, como si eso les diera la ilusión de poder controlarlos. Lo único que intentan es huir de lo inesperado.
En el momento que el actor siente algo, el público ya lo ha visto.
No es un examen. Es un arte y no requiere pulcritud, ni intelectualidad, sino inmediatez y coraje.
Tenemos que renunciar al control y, haciéndolo, darnos a la obra.
En la vida no hay preparación emocional para la pérdida, el dolor, la sorpresa, la traición, el descubrimiento; y en el escenario tampoco.
Aquellos que tienen “algo a lo que poder recurrir” invariablemente recurren. Siempre han tenido la intención de hacerlo. Es por eso que se han provisto de ello.
Una buena interpretación es cuando el actor no inventa nada, no niega nada, existe, actúa antes de tener una buena opinión de si.
El trabajo del actor es hacer la interpretación autentica.
Complacer única i exclusivamente al público.
La opinión de los profesores y compañeros está desviada, y escuchar demasiado tiempo sus buena opiniones os incapacita para una vida en el escenario. Cuando ya tenéis veintiocho años y os habéis pasado veintitrés en escuelas de diferentes tipos, ya no sois capaces de trabajar como actores en un escenario. Habéis pasado tiempo de vuestra vida aprendiendo a ser obedientes y educados. Dejadme ser maleducado: la mayoría de profesores de interpretación son unos fraudes, y lo único que ofrecen sus escuelas es el derecho a considerarse como una parte del teatro.
Los estudiantes, claro, necesitan un lugar para desarrollarse, y ese lugar es el escenario. Eso puede ser, y probablemente será, mucho más doloroso que una vida pasada en las escuelas. Pero instruye. Y para acabar, probablemente es mucho mejor para el público someterse a una euforia poco instruida que a un timo sin base.
Si nunca se aventura fuera de los confines del sistema, puede vivir, tanto si trabaja como si no, libre del terror.
La mayor parte de la belleza y de la felicidad del teatro es la comunión con el público.
El público no va a ver una lección, va a ver un espectáculo. Si le ha gustado, vosotros, los actores, habéis hecho vuestro trabajo.
Conservad vuestro ingenio. No es necesario desperdiciar vuestro talento, autoestima y juventud por la oportunidad de complacer a vuestros inferiores. Da más miedo pero es mucho más productivo ir por vuestro camino, montar vuestra propia compañía de teatro, escribir y montar vuestras obras, hacer vuestras películas. Tenéis mucha más oportunidades, con el tiempo, de presentaros y gustar al público, independizaros, haciendo vuestras obras y películas, que si os sometéis al modelo industrial de las escuelas y los estudios.
Interpretar es llevar la obra al público.
La llamada cuarta pared es el invento de alguien que tenía miedo del público.
No hay cuarta pared entre el actor y el público. Si existiera, negaría el mismo propósito del teatro, que es la comunicación y la comunión.
El respeto al público es el fundamento de todo aprendizaje legítimo del actor.
No son las palabras las que tienen significado, sino las acciones. Momento a momento y noche tras noche la obra cambiará.
El público busca espontaneidad, individualidad, fuerza.
Lo que sale del corazón va al corazón.
Aprender a aceptar. Porque la capacidad de aceptar proviene de la voluntad y la voluntad es la fuente del personaje.
La creencia por otro lado conduce a la decepción.
No neguéis nada, no inventéis nada, aceptadlo todo y continuad adelante.
Si el actor va al ensayo con una mente y espíritu dedicado a descubrir e interpretar las acciones simples y realmente, llevará ese espíritu al escenario con sus descubrimientos. Si el actor se pasa los ensayos buscando a un personaje o una emoción mágica, saldrá al escenario con la misma desafortunada capacidad de ilusión y rogará al público que comparta con él.
Actuar no tiene nada que ver con la habilidad para concentrarse. Tiene que ver con la habilidad de imaginar. Porque la concentración, como la emoción y la creencia, no puede ser forzada; no se puede controlar.
La concentración es como el agua. Siempre busca su nivel, siempre irá a parar a las cosas ,más interesantes que tenga alrededor.
Cuanto más preocupados estéis por vosotros mismos, menos valor tiene.
Cuanto más vaya hacia fuera la concentración de una persona, más interesante será esa persona. Como brecht dijo: no hay nada más interesante en la vida que un hombre intentando deshacer el nudo del zapato.
La persona que dirige su atención hacia fuera es diversa y provocativa. La persona que se esfuerza para ser diversa y provocativa es estólida e inconmovible.
La concentración no se puede forzar. Ése es un mecanismo de supervivencia y un mecanismo de adaptación.
Nadie quiere gastar dinero y tiempo irremplazable para ver como sois responsables. Quieren veros excitantes. Y no podéis excitar si no estáis excitados.
El poder es algo excitante. Ejercitad vuestro poder en la acción que hagáis. Haced una elección convincente y no os costará nada realizarla. La concentración no es ningún problema.
Canto, voz, danza, malabarismo, claqué, magia, acrobacia. Practicad eso determina perfectamente la diferencia entre la posesión y la no posesión de una destreza. Si hacéis esa cosas, aprenderéis a ser humildes, y eso significa paz.
Si deseáis y lucháis por subir el listón vosotros solos en lugar de hacerlo con los otros, creáis división y soledad en vosotros, en el teatro y en el mundo. Todas las cosas llegan en su momento.
No hay nada más pragmático que el idealismo.
El teatro no pertenece a los grandes sino a los descarados. Y nuestro trabajo como gente de teatro es mostrar, tanto en la comedia como en la tragedia, la locura que nos rodea. No estamos aquí para celebrar el estatua quo, o nuestra capacidad de celebración; ésa es la tarea de los cócteles, de los banquetes y de las convenciones políticas. Nuestro trabajo es y tendrá que ser el del detractor profesional.
Enfrentarse al mundo es valiente. Mirad hacia afuera en lugar de hacerlo hacia adentro y enfrentaos al mundo, al que tendréis que enfrentaros en cualquier caso; es posible que no ganéis cada día, pero eso os permitirá vivir como adultos.
Y vuestra arma principal y mas importante es el sentido común.
Si el actor hace aquello para lo que no esta preparado, sin necesidad de fe, para lo que es incapaz y que preferiría evitar, se convierte en heroico.
Eso es el drama, los seres humanos luchando valientemente con su destino, sus circunstancias y su naturaleza.
Estamos en un estado de excitación compartido i transformado que no tiene nada que ver con la comodidad.
Actuad como lo harías en vuestra fantasía. Daos un propósito simple en el escenario y salid a cumplirlo valientemente.
Todo esto debería inspirarnos a encontrar nuestras propias escuelas.
Nos retratamos a nosotros mismos, tan inciertos, tan poco preparados tan confundidos como cualquiera de nosotros.
Tiene que ver con el alma. Amar, en lugar de pisar, es el trabajo del artista.
He oído y he visto cosas más divertidas y hermosas en la mesa de los técnicos en medio de un rodaje nocturno que cualquier otra cosa que haya oído cualquiera en cualquier cultura mayoritaria.
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